En algún sitio muy profundo,
creemos que podemos deshacernos de lo que nos atormenta.
La flaqueza, la debilidad... la muerte.
La verdad es que no se de nadie que no haya
sido atormentado por algo, o alguien.
Y aunque intentemos cortar el dolor,
nuestros esfuerzos normalmente fracasan.
Así que el único modo de limpiar las telarañas
es pasando la página.
O dejando que las viejas historias descansen.
Que por fin, que por fin descansen.


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