Quizás la expectativa de felicidad instantánea que solemos endilgarle al vínculo de pareja, este deseo de exultancia, se deba a un estiramiento ilusorio del instante de enamoramiento.
Cuando uno se enamora en realidad no ve al otro en su totalidad, sino que el otro funciona como una pantalla donde el enamorado proyecta sus aspectos idealizados.
Los sentimientos, a diferencia de las pasiones, son más duraderos y están anclados a la percepción de la realidad externa. La construcción del amor empieza cuando puedo ver al que tengo enfrente, cuando descubro al otro.
Es allí cuando el amor reemplaza al enamoramiento.
Pasado ese momento inicial comienzan a salir a la luz las peores partes mías que también proyecto en él. Amar a alguien es el desafío de deshacer aquellas proyecciones para relacionarse verdaderamente con el otro. Este proceso no es fácil, pero es una de las cosas más hermosas que ocurren o que ayudamos a que ocurran.
Hablamos del amor en el sentido de "que nos importa el bienestar del otro".
Nada más y nada menos. El amor como el bienestar que invade cuerpo y alma y que se afianza cuando puedo ver al otro sin querer cambiarlo.
Más importante que la manera de ser del otro, importa el bienestar que siento a su lado y su bienestar al lado mío. El placer de estar con alguien que se ocupa de que uno esté bien, que percibe lo que necesitamos y disfruta al dárnoslo, eso hace al amor.
Una pareja es más que una decisión, es algo que ocurre cuando nos sentimos unidos a otro de una manera diferente. Podría decir que desde el placer de estar con otro tomamos la decisión de compartir gran parte de nuestra vida con esa persona y descubrimos el gusto de estar juntos. Aunque es necesario saber que encontrar un compañero de ruta no es suficiente; también hace falta que esa persona sea capaz de nutrirnos, como ya dijimos, que de hecho sea una eficaz ayuda en nuestro crecimiento personal.
Welwood dice que el verdadero amor existe cuando amamos por lo que sabemos que esa persona puede llegar a ser, no solo por lo que es.
"El enamoramiento es más bien una relación en la cual la otra persona no es en realidad reconocida como verdaderamente otra, sino más bien sentida e interpretada como si fuera un doble de uno mismo, quizás en la versión masculina y eventualmente dotada de rasgos que corresponden a la imagen idealizada de lo que uno quisiera ser. En el enamoramiento hay un yo me amo al verme reflejado en vos." Mauricio Abadi.
Enamorarse es amar las coincidencias, y amar es enamorarse de las diferencias.
Hace tres mil años había un ser humano, igual que tú y que yo, que vivía cerca de una ciudad rodeada de montañas. Este ser humano estudiaba para convertirse en un chamán, para aprender el conocimiento de sus ancestros, pero no estaba totalmente de acuerdo con todo lo que aprendía. En su corazón sentía que debía de haber algo más.
Un día, mientras dormía en una cueva, soñó que veía su propio cuerpo durmiendo. Salió de la cueva a una noche de luna llena. El cielo estaba despejado y vio una infinidad de estrellas. Entonces, algo sucedió en su interior que transformó su vida para siempre. Se miró las manos, sintió su cuerpo y oyó su propia voz que decía: «Estoy hecho de luz; estoy hecho de estrellas».
Miró al cielo de nuevo y se dio cuenta de que no son las estrellas las que crean la luz, sino que es la luz la que crea las estrellas. «Todo está hecho de luz –dijo–, y el espacio de en medio no está vacío.» Y supo que todo lo que existe es un ser viviente, y que la luz es la mensajera de la vida, porque está viva y contiene toda la información.
Entonces se dio cuenta de que, aunque estaba hecho de estrellas, él no era esas estrellas. «Estoy en medio de las estrellas», pensó. Así que llamó a las estrellas el tonal y a la luz que había entre las estrellas el nagual, y supo que lo que creaba la armonía y el espacio entre ambos es la Vida o Intento. Sin Vida, el tonal y el nagual no existirían. La Vida es la fuerza de lo absoluto, lo supremo, la Creadora de todas las cosas.
Esto es lo que descubrió: todo lo que existe es una manifestación del ser viviente al que llamamos Dios; todas las cosas son Dios. Y llegó a la conclusión de que la percepción humana es sólo luz que percibe luz.
También se dio cuenta de que la materia es un espejo –todo es un espejo que refleja luz y crea imágenes de esa luz–, y el mundo de la ilusión, el Sueño, es tan sólo como un humo que nos impide ver lo que realmente somos. «Lo que realmente somos es puro amor, pura luz», dijo.
Este descubrimiento cambió su vida. Una vez supo lo que en verdad era, miró a su alrededor y vio a otros seres humanos y al resto de la naturaleza, y le asombró lo que vio. Se vio a sí mismo en todas las cosas: en cada ser humano, en cada animal, en cada árbol, en el agua, en la lluvia, en las nubes, en la Tierra... Y vio que la Vida mezclaba el tonal y el nagual de distintas maneras para crear millones de manifestaciones de Vida.
En esos instantes lo comprendió todo. Se sentía entusiasmado y su corazón rebosaba paz. Estaba impaciente por revelar a su gente lo que había descubierto. Pero no había palabras para explicarlo. Intentó describirlo a los demás, pero no lo entendían. Vieron que había cambiado, que algo muy bello irradiaba de sus ojos y de su voz. Comprobaron que ya no emitía juicios sobre nada ni nadie. Ya no se parecía a nadie.
El los comprendía muy bien a todos, pero a él nadie lo comprendía. Creyeron que era una encarnación de Dios; al oírlo, él sonrió y dijo: «Es cierto. Soy Dios. Pero vosotros también lo sois. Todos somos iguales.
Somos imágenes de luz. Somos Dios». Pero la gente seguía sin entenderlo.
Había descubierto que era un espejo para los demás, un espejo en el que podía verse a sí mismo.
«Cada uno es un espejo», dijo. Se veía en todos, pero nadie se veía a sí mismo en él. Y comprendió que todos soñaban pero sin tener consciencia de ello, sin saber lo que realmente eran. No podían verse a ellos mismos en él porque había un muro de niebla o humo entre los espejos. Y ese muro de niebla estaba construido por la interpretación de las imágenes de luz: el Sueño de los seres humanos.
Entonces supo que pronto olvidaría todo lo que había aprendido. Quería acordarse de todas las visiones que había tenido, así que decidió llamarse a sí mismo «Espejo Humeante» para recordar siempre que la materia es un espejo y que el humo que hay en medio es lo que nos impide saber qué somos. Y dijo: «Soy Espejo Humeante porque me veo en todos vosotros, pero no nos reconocemos mutuamente por el humo que hay entre nosotros. Ese humo es el Sueño, y el espejo eres tú, el soñador».
¿De las heridas que recibiste cuando eras pequeño?, ¿de tus traumas de la infancia?, ¿de lo que alguien más decidió que fueras?, ¿de una relación que no te satisface?, ¿de un trabajo que no disfrutas?, ¿de la rutina de tu vida?.
¡Ya libérate! ¡Tira ya ese costal que llevas en la espalda en el que guardas el resentimiento, el rencor y la culpa. Deja ya de culpar a otros y a tu pasado por lo que no marcha bien en tu vida.
Cada día tienes la oportunidad de empezar otra vez. Cada mañana, al abrir los ojos, naces de nuevo, recibes otra oportunidad para cambiar lo que no te gusta y para mejorar tu vida.
La responsabilidad es toda tuya. Tu felicidad no depende de tus padres, de tu pareja, de tus amigos, de tu pasado, depende sólo de ti.
¿Qué es lo que te tiene paralizado?, ¿el miedo al rechazo?, ¿al éxito?, ¿al fracaso?, ¿al qué dirán?, ¿a la crítica?, ¿a cometer errores?, ¿a estar solo?.
¡Rompe ya las cadenas que tú mismo te has impuesto!. A lo único que le debes tener miedo es a no ser tú mismo, a dejar pasar tu vida sin hacer lo que quieres, a desaprovechar esta oportunidad de mostrarte a otros, de decir lo que piensas, de compartir lo que tienes.
Tú eres parte de la vida y como todos, puedes caminar con la frente en alto. Los errores del pasado ya han sido olvidados y los errores del futuro serán perdonados. Date cuenta de que nadie lleva un registro de tus faltas, solo tú mismo.
Ese juez que te reprocha, ese verdugo que te castiga, ese mal amigo que siempre te critica, ¡eres tú mismo!
Ya déjate en paz, ya perdónate, sólo tú puedes lograrlo. ¿Cuándo vas a demostrar tu amor a tus seres queridos?, ¿cuándo te queden unos minutos de vida?, ¿cuándo les queden a ellos unos minutos de vida? El amor que no demuestres hoy, se perderá para siempre.
Recuerda que la vida es tan corta y tan frágil que no tenemos tiempo que perder en rencores y estúpidas discusiones. Hoy es el día de perdonar las ofensas del pasado y de arreglar las viejas rencillas.
Entrégate a los que amas sin esperar cambiarlos, acéptalos tal como son y respeta el don más valioso que han recibido: su libertad.
Disfruta de tus relaciones sin hacer dramas.
Si pretendes que todos hagan lo que tú quieres o que sean como tú has decidido, si pretendes controlar a los que te rodean, llenarás tu vida de conflicto.
Permite a otros que tomen sus propias decisiones como has de tomar las tuyas, tratando siempre de lograr lo que es mejor para todos. Así podrás llenar tu vida de armonía.
Y por último, ¿qué estás esperando para empezar a disfrutar de tu vida?, ¿que se arreglen todos tus problemas?, ¿que se te quiten todos tus traumas?, ¿que por fin alguien reconozca tu valía?, ¿que llegue el amor de tu vida?, ¿que regrese el que se fue?, ¿que todo te salga como tú quieres?, ¿que se acabe la crisis económica?, ¿que te suceda un milagro?, ¿que por arte de magia todo sea hermoso y perfecto?.
¡Despierta ya hermano!, ¡despierta ya hermana!, ¡esta es la vida!. La vida no es lo que sucede cuando todos tus planes se cumplen, ni lo que pasará cuando tengas eso que tanto deseas. La vida es lo que está pasando en este preciso instante.
Tu vida en este momento es leer este párrafo, donde quiera que lo estés haciendo y con las circunstancias que te rodean ahora. En este momento tu corazón lleva sangre a todas las células de tu cuerpo y tus pulmones llevan oxígeno a donde se necesita. En este momento algo que no podemos comprender, te mantiene vivo y te permite, ver, pensar, expresarte, moverte, reír, ¡hasta llorar si quieres!.
No te acostumbres a la vida, no te acostumbres a despertar todos los días y estar aburrido, o malhumorado, o preocupado. Abre tus ojos y agradece todas las bendiciones que puedes ver, agradece tu capacidad de oír el canto de los pájaros, tu música preferida, la risa de tus hijitos.
Pon tus manos en tu pecho y siente tu corazón latir con fuerza diciéndote: “estás vivo, estás vivo, estás vivo”.
Yo se que la vida no es perfecta, que está llena de situaciones difíciles. Tal vez, así es como se supone que sea.
Tal vez por eso se te han brindado todas las herramientas que necesitas para enfrentarla: una gran fortaleza que te permite soportar las pérdidas, la libertad de elegir cómo reaccionar ante lo que sucede, el amor y el apoyo de tus seres queridos.
Se también que tú no eres perfecto, nadie lo es. Y sin embargo, millones de circunstancias se han reunido para que existas. Fuiste formado a partir de un diseño maravilloso y compartes con toda la humanidad sus virtudes y defectos.
Así está escrito en tus genes, en los genes de todos los seres humanos que han existido y en todos los que existirán. Tus pasiones, tus miedos, tus heridas, tus debilidades, tus secretos y tu agresión, los compartes con todos tus hermanos.
¡Bienvenido a la raza humana!
Esos supuestos defectos son parte de tu libertad, parte de tu humanidad. Si te preguntas: ¿quién soy yo para decirte todo esto?, te contestaré que no soy nadie, soy simplemente una versión diferente de lo que tú eres, Otro ser humano más entre miles de millones, pero uno que ha decidido ser libre y recuperar todo el poder de su vida… espero que tú también decidas hacerlo.
–¿Túnunca mataste a nadie? –sus ojos eran penetrantes.
Simón recogió la camiseta y la torció en sus manos.
–Te dije que lo hice. Sabes que lo hice –luego le tomó la mano–. Pero no tengo que hacerlo. Lo puedo controlar. Él ni lo intenta. Él disfruta matando.
Sofía le quitó la camiseta y la estiró en su falda.
–¿Tú te puedes controlar?
–Sí, lo he hecho. Las he seducido hacia una suave niebla y las chupo suavemente, después las dejo con aliento.
No le mencionó las veces que, debido a la abstinencia de sangre humana, no se podía retirar y se dejaba caer en esa niebla junto con su presa donde se quedaba flotando, despertándose años después con una fría concha vacía en sus manos. Era siempre más satisfactorio hasta el final y muchas veces se había preguntado si ellos se alimentaban tanto de los moribundos como de su sangre. Christopher parecía disfrutar más el moribundo que la sangre.
–¿Qué pasó con el crucifijo? –le preguntó Sofía–.
¿Te estaba lastimando?
–Oh, no –se rascó el brazo sintiéndose culpable, buscando una excusa para no tener que mirarla–. Sólo una vieja manía. No puedes creer todo lo que lees. Simplemente no te lucía –qué es lo que pasa. Creí que había decidido confiar en ella. De todas las maneras, se sentía estúpidamente asustado de facilitarle a alguien un arma que pudiera usar contra él.
–¿Simón? –Sofía le tocó la mano–. ¿Dónde están tus colmillos?
Ella lo miró como si todavía le tuviera pesar. ¿Acaso aún lo consideraba un niño hambriento de la calle?
–No pueden simplemente aparecer. Tienen que se estimulados por el olor o la promesa de sangre. ¿Quieres que te muestre? –lo dijo en broma.
Se acerco a ella y vio una chispa de miedo en sus ojos. Esto lo animó a continuar. Ah, ella cree un poquito, pensó. Ella se acercó también y apoyó su cabeza en el hombro de él. Le acarició el brazo. Dulce calidez. Dulce y fogoso calor.
–Pobre Simón, ¿qué puedo creer?
Su garganta empezó a latir con vida cerca de su boca y él se sintió atolondrado ante su olor suave y cálido. Trató de controlarse, pero no pudo; ella estaba demasiado cerca, demasiado dispuesta. Los colmillos salieron de sus fundas. "—Cree en esto —suspiró y la besó suavemente en la nuca—. Y en esto, y esto. "Luego la beso con el beso agudo, el beso de plata, veloz y verdadero, tan cortante como una cuchilla, y él se impregnó de la calidez de ella. La sintió entrar en su cuerpo, su calidez, dulce calidez.
Ella dio un pequeño grito y trató de alejarlo, pero él le acarició el pelo. No te lastimaré, pensó él, pequeño pájaro, pequeña querida. No te lastimaré, pensó él, pequeño pájaro, pequeña querida. No te lastimaré. Ella gimió y lo abrazó. Era el suave éxtasis de los besos que él podía transmitirle con su abrazo. Le palpitaba en sus dedos, sus brazos, su pecho, como la sangre en las venas de ella. Palpitaba a un ritmo que compartió con ella. Ella suspiró, su respiración se volvió más intensa y él sintió que no se podía controlar. Debo detenerme ahora, pensó él, pero no puedo hacerlo. La acercó aun más, como si nunca pudiera dejarla ir. No podía dejarla ir.
Sin embargo lo hizo. Jadeando, la apartó de él. Se miraron confundidos.
—Puedo detenerme si lo deseo —le susurró ronco.
Ella se ruborizó, luego se tocó la nuca y se vio las gotas de sangre en sus dedos sin entender.
—Pero fue… quiero decir, no fue horrible. Fue… no lo sé.
Él quería besarla de nuevo.
—Puede ser terrible. Él lo hace terrible. Yo puedo hacerlo dulce —él tomó la mano y las palpitaciones empezaron de nuevo dentro de él. Puedo detenerme. Pensó mientras trataba de acercarla.